Archivo de la etiqueta: Katmandu

Final del paseo por Nepal

Estándar
Final del paseo por Nepal

Hoy es mi último día en Nepal. Termina mi paseo y empieza otro. Como siempre que acaba una etapa, aunque haya sido una decisión voluntaria, no puedo evitar tener esa mezcla de sentimientos de tristeza por algo que acaba, y entusiasmo por algo nuevo que  empieza.

Estos dos meses en Nepal han sido intensos pero diferentes, llenos de muchas cosas. He viajado, he conocido a mucha gente, he visitado lugares nuevos y lugares ya conocidos y he aprendido muchas cosas.

Este último mes lo he pasado en la zona de Boudha, el barrio tibetano de Katmandú.  Es, sin duda, mi lugar favorito de Katmandú y ha sido todo un regalo poder estar viviendo aquí. Casi todos los días he visitado la famosa estupa. La he visto bajo la lluvia, bajo el sol, bajo la luna, de blanco, con los dibujos del loto recién hechos, con peregrinos haciendo ofrendas…

Boudha Stupa

Boudha Stupa noche

Boudha Stupa

Anuncios

Paseando por Patan

Estándar
Paseando por Patan

Ayer visité Patan, uno de los lugares que, según las guías de viaje, no te puedes perder. Patan tiene una espectacular Plaza Durbar. Posiblemente en ella puedes encontrar la mejor colección de templos y palacios de Nepal.

Llevaba ya muchos días queriendo ir, pero la pereza me podía. No la simple pereza por moverme e ir a visitar algo, esa no, más bien la pereza que da la necesaria movilización logística para ello. Siempre que quiero visitar un lugar se me plantea la misma duda: ¿cómo ir? ¿cómo llegar hasta allí? A cualquiera que preguntes en Katmandú te dará sólo una opción: en taxi. Es algo que no acabo de entender. Si nadie que viva en Katmandú parece coger un autobús y siempre te responden que es muy difícil, que no sabes a dónde van, etc. entonces ¿por qué los autobuses van siempre a reventar, con gente colgando por fuera cogidos a los barrotes de las ventanas? Al preguntar en la recepción de mi guesthouse cuanto debería costar un taxi desde donde estoy hasta Patán, la respuesta fue unas 400 rupias. Por desgracia estas 400 rupias se convirtieron mágicamente en 700 rupias cuando pregunté en la parada de taxis. Así que me dije a mí misma: “voy a intentar coger un autobús y que sea lo que Dios quiera”. Y allí me fui, a la carretera de circunvalación que queda sólo a unos 10 minutos del monasterio y por donde pasan infinidad de camionetas, autobuses, tempos, motos, coches, gente en bicicleta… Y no fue tan difícil. Me costó un poco que entendieran a dónde quería ir, porque en cuanto me acerco, al no pronunciarlo exactamente como ellos lo harían, directamente me dicen que no con la cabeza y no hacen el esfuerzo de intentar entender lo que quiero decir. He comprobado que señalarlo en el mapa que suelo llevar en la mano tampoco sirve porque un porcentaje muy elevado de la población de Nepal no sabe leer ni escribir. Peor al final conseguí que alguien me entendiera y me dirigiera a un autobús. Es cierto que siempre tengo la duda de si me habrán entendido bien y de verdad estaré yendo a donde quiero ir. ¡Pero es parte de la aventura! Después de una hora en el autobús, un chico me señaló que mi parada se aproximaba y luego me indicó la dirección que debía tomar. El trayecto me costó 50 rupias y yo me encaminé hacia la Plaza Durbar de Patan toda orgullosa de mi gran gesta.

Patan me pareció precioso. La Plaza Durbar está mejor conservada y es más espectacular que la de Katmandú, para mi gusto. Las calles de alrededor de la plaza son como de cuento. Es como trasladarse a varias siglos atrás. Y allí pasé gran parte del día, perdiéndome por las calles, haciendo fotos y huyendo de los que vigilan que los turistas compren la entrada que da acceso a la plaza.

Toda confiada regresé al mismo punto donde me había dejado el autobús por la mañana y allí empezó mi aventura de vuelta a casa. Primero cogí un autobús que al cabo de unos 20 minutos paró y vi que todo el mundo bajaba de él. Nadie hablaba inglés, por lo que nadie supo explicarme qué pasaba, pero yo supuse que el autobús se había estropeado o algo así y teníamos que coger otro. Pasó una furgoneta y casi todos entraron en ella. A mí me hicieron gestos de que yo también debía entrar y así lo hice. Pero esta furgoneta resultó finalizar su trayecto en un lugar donde empiezan y acaban muchos de los trayectos, así que me tocó coger un tercer autobús…. Ahí entendí lo que varias veces me habían explicado pero que yo pensé que era una exageración… El trayecto resultó agotador pero toda una aventura.

Un resumen de fotos del paseo aquí.

¿Cómo es una clase de inglés en un monasterio?

Estándar
¿Cómo es una clase de inglés en un monasterio?

Una de las ventajas de alojarte en un Monasterio es que puedes participar en algunas de sus actividades. Estuve en una de las tres pujas que celebran diariamente, y pude asistir también a una de las clases de inglés.

En el mismo aula se concentraban cuatro grupos: los más pequeños o recién llegados que están aprendiendo a leer y escribir y que estaban estudiando nepalés, y tres niveles más según los conocimientos adquiridos.

Todos los estudiantes, muy disciplinados, se sientan en sus asientos por grupos. Uno de los grupos estuvo dirigido por Dalia, una mujer de Nueva Zelanda que está en el Monasterio como voluntaria enseñando inglés y dando información sobre el Monasterios y el Budismos a los turistas. Los otros dos grupos de inglés iban repitiendo los ejercicios que tenían en el libro, con esa cantinela y esos movimientos tan característicos de los monjes. Algunos de los huéspedes del guesthouse nos unimos a la clase y nos fuimos sentando con algunos de los alumnos para repasar la lección. Me dio la impresión de que saben leer en inglés, pero no tengo tan claro que entiendan lo que leen. Si les hacia una pregunta que se saliera de lo que estaba exactamente escrito en su libro, ya estaban descolocados y no sabían responder.  Una pena, porque son estudiantes disciplinados como pocos!

Al acabar la lección, todos salieron corriendo al patio para jugar. Al final, no dejan de ser niños, ¿verdad?

Un resumen fotográfico de la jornada aquí.

Mi primera semana en Katmandú

Estándar
Mi primera semana en Katmandú

¡Ya llevo una semana en Katmandú! En esta semana he intentado acostumbrarme a Nepal, que no es tan similar a India como parece.

Empecé pasando las primeras noches en un hotelito en la zona de Thamel, que es la zona típica de mochileros. Es una zona fácil para un turista. todo son tiendas de souvenirs, restaurantes y hoteles. Pero también es la menos autentica y más cara. En cuanto sales de allí te das cuenta de lo diferente que es el resto de katamndú, donde casi no hay carteles en inglés. Así que de allí me trasladé al Monasterio tibetano al norte de la ciudad, donde  la vida transcurre extremadamente tranquilamente.

A pesar de las lluvias monzónicas, he podido visitar Thamel, Durbar Square, Swayambhunath, Bodhnath, he comprado un paraguas que utilizo de sombrilla y de paraguas, he comido platos típicos nepalíes y unas fantásticas hamburguesas de ternera, he empezado a coger autobuses locales y me he perdido caminando por las zonas menos turísticas! También pude conocer la casa de acogida y las niñas con las que estaré viviendo y colaborando en septiembre, Katmandú me recuerda a Roma, sólo neceistas perderte por sus calles para descubrir una templo o un edificio antiquísimo en cualquier esquina. ¡Es impresionante!

¿Parece que no haya parado? ¡Pues todo lo contrario! He llevado una vida muuuuy relajada. A veces creo que demasiado. Por ahora intento apaciguar la lucha interna entre la turista que cree que debería estar viendo cosas siempre, y la meditadora que intenta disfrutar de la tranquilidad.

Para ver un resumen fotográfico de la semana, podéis hacer clic aquí.