Paseando por Patan

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Paseando por Patan

Ayer visité Patan, uno de los lugares que, según las guías de viaje, no te puedes perder. Patan tiene una espectacular Plaza Durbar. Posiblemente en ella puedes encontrar la mejor colección de templos y palacios de Nepal.

Llevaba ya muchos días queriendo ir, pero la pereza me podía. No la simple pereza por moverme e ir a visitar algo, esa no, más bien la pereza que da la necesaria movilización logística para ello. Siempre que quiero visitar un lugar se me plantea la misma duda: ¿cómo ir? ¿cómo llegar hasta allí? A cualquiera que preguntes en Katmandú te dará sólo una opción: en taxi. Es algo que no acabo de entender. Si nadie que viva en Katmandú parece coger un autobús y siempre te responden que es muy difícil, que no sabes a dónde van, etc. entonces ¿por qué los autobuses van siempre a reventar, con gente colgando por fuera cogidos a los barrotes de las ventanas? Al preguntar en la recepción de mi guesthouse cuanto debería costar un taxi desde donde estoy hasta Patán, la respuesta fue unas 400 rupias. Por desgracia estas 400 rupias se convirtieron mágicamente en 700 rupias cuando pregunté en la parada de taxis. Así que me dije a mí misma: “voy a intentar coger un autobús y que sea lo que Dios quiera”. Y allí me fui, a la carretera de circunvalación que queda sólo a unos 10 minutos del monasterio y por donde pasan infinidad de camionetas, autobuses, tempos, motos, coches, gente en bicicleta… Y no fue tan difícil. Me costó un poco que entendieran a dónde quería ir, porque en cuanto me acerco, al no pronunciarlo exactamente como ellos lo harían, directamente me dicen que no con la cabeza y no hacen el esfuerzo de intentar entender lo que quiero decir. He comprobado que señalarlo en el mapa que suelo llevar en la mano tampoco sirve porque un porcentaje muy elevado de la población de Nepal no sabe leer ni escribir. Peor al final conseguí que alguien me entendiera y me dirigiera a un autobús. Es cierto que siempre tengo la duda de si me habrán entendido bien y de verdad estaré yendo a donde quiero ir. ¡Pero es parte de la aventura! Después de una hora en el autobús, un chico me señaló que mi parada se aproximaba y luego me indicó la dirección que debía tomar. El trayecto me costó 50 rupias y yo me encaminé hacia la Plaza Durbar de Patan toda orgullosa de mi gran gesta.

Patan me pareció precioso. La Plaza Durbar está mejor conservada y es más espectacular que la de Katmandú, para mi gusto. Las calles de alrededor de la plaza son como de cuento. Es como trasladarse a varias siglos atrás. Y allí pasé gran parte del día, perdiéndome por las calles, haciendo fotos y huyendo de los que vigilan que los turistas compren la entrada que da acceso a la plaza.

Toda confiada regresé al mismo punto donde me había dejado el autobús por la mañana y allí empezó mi aventura de vuelta a casa. Primero cogí un autobús que al cabo de unos 20 minutos paró y vi que todo el mundo bajaba de él. Nadie hablaba inglés, por lo que nadie supo explicarme qué pasaba, pero yo supuse que el autobús se había estropeado o algo así y teníamos que coger otro. Pasó una furgoneta y casi todos entraron en ella. A mí me hicieron gestos de que yo también debía entrar y así lo hice. Pero esta furgoneta resultó finalizar su trayecto en un lugar donde empiezan y acaban muchos de los trayectos, así que me tocó coger un tercer autobús…. Ahí entendí lo que varias veces me habían explicado pero que yo pensé que era una exageración… El trayecto resultó agotador pero toda una aventura.

Un resumen de fotos del paseo aquí.

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