Archivos Mensuales: agosto 2013

Paseando por Lumbini

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Paseando por Lumbini

Decidí visitar Lumbini estando en Pokhara. Me apetecía conocer algo un poco más auténtico de Nepal, menos turístico, y me interesaba mucho visitar un lugar tan sagrado para los budistas. Varias personas me habían hablado muy bien de este lugar, por lo que en mi cabeza se fue creando una imagen muy definida de lo que sería Lumbini, y mis expectativas eran muy altas. Esto es una de las peores cosas que te pueden pasar cuando viajas, me temo, porque es una decepción casi asegurada.

El viaje de Pokhara a Lumbini en un autobús turístico (ejem) fue bastante pesado. No paró de diluviar durante las 9 horas de viaje, la carretera era un desastre y mi mochila en el techo del autobús acabó empapada. Con todo esto os podéis imaginar que no estaba de muy buen humor cuando llegué a Lumbini que, además, resultó no ser más que una calle con 3 o 4 guesthouses y poco más.

Lumbini es famoso por ser el lugar donde nació Siddartha Gautama, Buda, en el año 563 a.C. De ahí que este lugar, que es Patrimonio Mundial de la Unesco, tenga una enorme importancia religiosa y atraiga a peregrinos budistas de todo el mundo.

Estanque sagrado y Templo de Maya Devi

Estanque sagrado y Templo de Maya Devi

Esa misma tarde me decidí a visitar la atracción principal de Lumbini, que claramente es el lugar exacto del nacimiento de Buda. Fue otra decepción… o quizás es que estaba de tan mal humor que nada me habría impresionado. Me esperaba algo muy especial, con peregrinos rezando, velas encendidas, cánticos, etc., pero en lugar de eso me encontré con una taquilla para comprar el ticket que te permite visitar el templo, un lugar donde debes dejar los zapatos aunque los policías lleven botas y los monjes sandalias,  monjes recogiendo sus pertenencias para marcharse y contando el dinero “recolectado” durante el día, gurús hablando a los gritos por el móvil… Dentro del templo no se pueden hacer fotos, hay que descalzarse y guardar silencio. Pero, ¿qué me encontré? Un policía llevando unas enormes botas, hablando en un tono muy alto con varios visitantes justo encima de una piedra cubierta por un cristal blindado iluminada con luces de colores (ein?) que marca el lugar exacto donde Maya Devi dio a luz a Buda. Sinceramente, me fui muy pero que muy decepcionada de vuelta al hotel.

Lumbini 4

Al día siguiente alquilé una bicicleta para visitar el parque llamado Zona de Desarrollo de Lumbini, que tiene unas dimensiones de 4 por 2,5 km. Eso mejoró el día y mi opinión sobre Lumbini. Por la mañana temprano volví al Templo de Maya Devi porque me habían dicho que era la mejor hora para visitarlo pues se podían encontrar a los peregrinos rezando y haciendo sus ofrendas. No encontré nada de eso, pero por lo menos pude ver como los monjes llegaban y se iban colocando alrededor de un árbol y empezaban una especie de discusión. No entendí nada, pero fue interesante verlo y ver como un grupo de personas vestidas de blanco que luego supe eran budistas venidos desde Sri Lanka en un viaje espiritual, realizaban algunos rituales y cantaban. Cuando ya me marchaba, uno de los monjes me llamó para que me acercara y enrolló un cordón rojo alrededor de mi muñeca mientras iba murmurando algo. No está mal, no?

Lumbini 1   Lumbini 5

El resto del día lo pasé recorriendo parte del parque y las aldeas alrededor. Desde la fundación de la Zona de Desarrollo de Lumbini en 1978, todas las naciones budistas del mundo han ido construyendo monasterios. Algunos monasterios me parecieron más bonitos que otros, pero en general me pareció una especie de “parque de atracciones” y una competición entre los países por crear el templo más extravagante o grande o no sé yo. No puedo evitar mencionar como me llamó la atención ver que algunos de los países más pobres de Asia habían construido, o estaban construyendo, enormes templos budistas.

Real Monasterio Budista Tailandés

Real Monasterio Budista Tailandés

Lumbini 9

Lumbini 7

Lumbini 6

 

 

 

Mi trekking de seis días

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Mi trekking de seis días

Durante mi estancia en Pokhara me decidí a hacer algo que nunca pensé que haría: un trekking!! Como iba a ser mi primera experiencia de senderismo en la montaña, me decidí por uno de los circuitos más cortos y fáciles, el Poon Hill Circuit, que suele durar entre 4 y 5 días.

Primero pensaba hacerlo a través de una agencia de trekking, especialmente por ir sola y ser mi primera experiencia en la montaña. Los presupuestos que me presentaron diferentes agencias iban desde los 160 hasta los 300 euros, sólo por guía/porteador, permisos y transporte para el primer y último día, sin alojamiento ni comida. Al final encontré a una compañera de trekking, Nathalie, una chica francesa de de 21 años, y nos aventuramos a hacer el trekking sin guía ni porteador. Sólo tuvimos que sacarnos los permisos necesarios (unos 40 dolares) y listas!

Al final hicimos el trekking un poco mas largo, pasando por el pueblo que da acceso a la ruta hacia el Annapurna Base Camp, y por eso duró 6 días en lugar de 4.

Por el camino fuimos conociendo a bastantes personas. Algunas iban con guía y/o porteador, y muchas otras no. En mi opinión, la diferencia entre las dos opciones es, además de la económica, la libertad. Nosotras pudimos cambiar la ruta cuando quisimos, decidir donde dormir y comer y cuando, y negociar los precios. Las rutas son turísticas y están muy bien indicadas. Es imposible perderse. En contrapartida reconozco que si pasara algo y no llevas a nadie, ahí tienes un problema… Al final, el guía se hace responsable ante cualquier situación que pueda pasar.

Annapurna South

En resumen, la experiencia fue fantástica, 6 días caminando por la montaña, sin oír un coche, un camión o una moto. Pasando por poblaciones donde solo se puede llegar a pie y viendo otra forma de vida. El único pero es que el día más importante, el día que subimos a 3200 metros para ver toda la cordillera del Annapurna, estuvo completamente tapado y no pudimos ver nada.

Aquí os dejo un resumen con algunas fotos, para que os hagáis una idea.

Visitando un campo de refugiados tibetanos

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Durante mi estancia en Pokhara pude visitar uno de los campos de refugiados tibetanos que hay en los alrededores. Fue una de las experiencias más interesantes y conmovedoras que he vivido en Nepal. Conocer las historias, los detalles, de todo lo sucedido en estos años de primera mano, poner cara, nombres, a las historias…

Como sabéis, ya pasé varias semanas en Dharamsala, donde tuve contacto con algunas de las asociaciones que trabajan por la causa del Tibet, pude incluso presenciar una de las “clases” que imparte el Dalai Lama, y conocer a algunos de los refugiados. Allí todo me pareció que se trataba más bien de una cuestión política, un intento de mantenerse en la lucha y mantener el interés de la comunidad internacional ante la situación actual del Tibet. Pero en Pokhara, lo vi  más como una cuestión de supervivencia. Pensad que el éxodo de refugiados tibetanos empezó en 1959, cuando el gobierno chino aumentó la presión sobre el Tibet ocasionando la muerte a miles de tibetanos y la huida del decimocuarto Dalai Lama a India. Desde entonces muchos otros refugiados siguen, todavía hoy, huyendo del Tibet a través de las montañas del Himalaya.

Llegué al asentamiento de Tashi Lang a media mañana, sólo cuando por fin dejó de diluviar y pude coger la bicicleta que había alquilado el día anterior, una de esas bicicletas antiguas y grandes que me encantan. El asentamiento de Tashi Lang es uno de los más pequeños de los que hay en Pokhara. En realidad son sólo unas casas organizadas alrededor de un templo, con una fábrica de alfombras, algunas tiendas de recuerdos para los visitantes y una escuela. El día que lo visité era sábado, que en Nepal es como un domingo, y estaba muy tranquilo. Sólo había un par de tiendas abiertas, no había turistas paseando ni comprando… sólo yo con mi bicicleta.

Después de dar una vuelta me instalé en una de las tiendas que estaba abierta donde acabé pasando unas cuatro horas!! La tienda está gestionada por una familia de refugiados tibetanos: madre, padre y un hijo. Los padres son bastante mayores, muy amables y chapurrean un poco de inglés. Acabé hablando casi todo el tiempo con el hijo que me contó como sus padres salieron del Tibet cuando tenían 5 años y tardaron 9 meses en llegar a Nepal cruzando la cordillera de los Himalaya a pie. Me cuenta que la situación de los tibetanos es muy complicada porque, a pesar de que las segunda y tercera generación ya han nacido en Nepal, no tienen nacionalidad nepalí, por lo que no tienen papeles para poder trabajar, comprar una vivienda, abrir un negocio. Me sorprende mucho que, aun habiendo nacido ya en Nepal, se sigan considerando tibetanos. Me conmueve como este pueblo lucha por mantener su cultura, su lengua y su tradición, inculcando la importancia de estos valores a los más jóvenes.

Con la "mama" tibetana

Con la “mama” tibetana

Hablamos de política, de China, de la crisis económica en España, del estado de autonomías de España, de Responsabilidad Social Corporativa! Hablando sobre China y el poder que está tomando y los problemas que esto les va a causar a ellos porque ya nadie se atreve a irles en contra, me explicó que incluso ellos no pueden evitar comprar productos chinos… Curioso, no? Me imaginé lo surrealista de la situación de estos pobres tibetanos comprando tazas a los chinos.

Cuando nos despedimos, me pidió que difundiera la problemática del pueblo tibetano en mi país. Pues ala, aquí está! Espero haber colaborado un poquito. Y aquí algunas fotos de la jornada.

Paseando por Pokhara

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Paseando por Pokhara

Después de dos semanas, me marché de Katmandu con ganas ya de un cambio de aire y de poder ver algo más de Nepal.
El viaje en autobús (7 horas) se me hizo pesado, cosa que me pareció extraña tras los viajes de horas y horas en India. Pero la carretera y el autobús no eran iguales, y marcan una diferencia importante…. Y eso que decidí seguir el consejo de una persona que lleva viviendo en Nepal la friolera de 18 años, y compré un billete para viajar en uno de los miles de autobuses turísticos que van a Pokhara cada día.

Camino a Pokhara
Pokhara es la segunda ciudad más importante de Nepal después de Katmandú, muy turística pero tranquila y famosa por ser el punto de inicio y final de las rutas de senderismo al Annapurna. La zona típica turística se llama Lakeside, que es una versión tranquila de Thamel. En Pokhara encontré su famosísimo lago (que te regala unas fotos de atardeceres increíbles), la enésima Pagoda de la Paz Mundial, unas cataratas (aunque yo no me atrevería a nombrarlas así…) y varios Campos de Refugiados Tibetanos.
Estuve allí una semana, aprovechando a hacer algunas visitas a los sitios más famosos cuando dejaba de llover a mares, paseando y leyendo mucho. También allí me fui cruzando con varios turistas y viajeros, cada uno con nuestra historia particular. Esto fue un cambio importante respecto a Katmandú, donde casi no tuve contacto con otros viajeros. Conocí a Mustafa, un divertidísimo turco que viajaba por Nepal en moto y se veía envuelto en las historias más surrealistas. Me reí mucho con él. También conocí a Kathalina, una chica alemana que al terminar la carrera de medicina se embarcó en un viaje de 3 meses por Japón, Malasia y Nepal. Éste era su primer viaje a Asia, ya que casi siempre ha viajado a África para colaborar en hospitales, y era muy interesante escuchar sus vivencias en África, así como sus impresiones sobre los países que ha visitado en Asia.
Dejé Pokhara para hacer un trekking de unos 4 días, que al final se alargó hasta 6! Pero eso se merece un post aparte…
Como siempre, aquí os dejo un reportaje fotográfico del viaje.

Paseando por Patan

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Paseando por Patan

Ayer visité Patan, uno de los lugares que, según las guías de viaje, no te puedes perder. Patan tiene una espectacular Plaza Durbar. Posiblemente en ella puedes encontrar la mejor colección de templos y palacios de Nepal.

Llevaba ya muchos días queriendo ir, pero la pereza me podía. No la simple pereza por moverme e ir a visitar algo, esa no, más bien la pereza que da la necesaria movilización logística para ello. Siempre que quiero visitar un lugar se me plantea la misma duda: ¿cómo ir? ¿cómo llegar hasta allí? A cualquiera que preguntes en Katmandú te dará sólo una opción: en taxi. Es algo que no acabo de entender. Si nadie que viva en Katmandú parece coger un autobús y siempre te responden que es muy difícil, que no sabes a dónde van, etc. entonces ¿por qué los autobuses van siempre a reventar, con gente colgando por fuera cogidos a los barrotes de las ventanas? Al preguntar en la recepción de mi guesthouse cuanto debería costar un taxi desde donde estoy hasta Patán, la respuesta fue unas 400 rupias. Por desgracia estas 400 rupias se convirtieron mágicamente en 700 rupias cuando pregunté en la parada de taxis. Así que me dije a mí misma: “voy a intentar coger un autobús y que sea lo que Dios quiera”. Y allí me fui, a la carretera de circunvalación que queda sólo a unos 10 minutos del monasterio y por donde pasan infinidad de camionetas, autobuses, tempos, motos, coches, gente en bicicleta… Y no fue tan difícil. Me costó un poco que entendieran a dónde quería ir, porque en cuanto me acerco, al no pronunciarlo exactamente como ellos lo harían, directamente me dicen que no con la cabeza y no hacen el esfuerzo de intentar entender lo que quiero decir. He comprobado que señalarlo en el mapa que suelo llevar en la mano tampoco sirve porque un porcentaje muy elevado de la población de Nepal no sabe leer ni escribir. Peor al final conseguí que alguien me entendiera y me dirigiera a un autobús. Es cierto que siempre tengo la duda de si me habrán entendido bien y de verdad estaré yendo a donde quiero ir. ¡Pero es parte de la aventura! Después de una hora en el autobús, un chico me señaló que mi parada se aproximaba y luego me indicó la dirección que debía tomar. El trayecto me costó 50 rupias y yo me encaminé hacia la Plaza Durbar de Patan toda orgullosa de mi gran gesta.

Patan me pareció precioso. La Plaza Durbar está mejor conservada y es más espectacular que la de Katmandú, para mi gusto. Las calles de alrededor de la plaza son como de cuento. Es como trasladarse a varias siglos atrás. Y allí pasé gran parte del día, perdiéndome por las calles, haciendo fotos y huyendo de los que vigilan que los turistas compren la entrada que da acceso a la plaza.

Toda confiada regresé al mismo punto donde me había dejado el autobús por la mañana y allí empezó mi aventura de vuelta a casa. Primero cogí un autobús que al cabo de unos 20 minutos paró y vi que todo el mundo bajaba de él. Nadie hablaba inglés, por lo que nadie supo explicarme qué pasaba, pero yo supuse que el autobús se había estropeado o algo así y teníamos que coger otro. Pasó una furgoneta y casi todos entraron en ella. A mí me hicieron gestos de que yo también debía entrar y así lo hice. Pero esta furgoneta resultó finalizar su trayecto en un lugar donde empiezan y acaban muchos de los trayectos, así que me tocó coger un tercer autobús…. Ahí entendí lo que varias veces me habían explicado pero que yo pensé que era una exageración… El trayecto resultó agotador pero toda una aventura.

Un resumen de fotos del paseo aquí.

¿Cómo es una clase de inglés en un monasterio?

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¿Cómo es una clase de inglés en un monasterio?

Una de las ventajas de alojarte en un Monasterio es que puedes participar en algunas de sus actividades. Estuve en una de las tres pujas que celebran diariamente, y pude asistir también a una de las clases de inglés.

En el mismo aula se concentraban cuatro grupos: los más pequeños o recién llegados que están aprendiendo a leer y escribir y que estaban estudiando nepalés, y tres niveles más según los conocimientos adquiridos.

Todos los estudiantes, muy disciplinados, se sientan en sus asientos por grupos. Uno de los grupos estuvo dirigido por Dalia, una mujer de Nueva Zelanda que está en el Monasterio como voluntaria enseñando inglés y dando información sobre el Monasterios y el Budismos a los turistas. Los otros dos grupos de inglés iban repitiendo los ejercicios que tenían en el libro, con esa cantinela y esos movimientos tan característicos de los monjes. Algunos de los huéspedes del guesthouse nos unimos a la clase y nos fuimos sentando con algunos de los alumnos para repasar la lección. Me dio la impresión de que saben leer en inglés, pero no tengo tan claro que entiendan lo que leen. Si les hacia una pregunta que se saliera de lo que estaba exactamente escrito en su libro, ya estaban descolocados y no sabían responder.  Una pena, porque son estudiantes disciplinados como pocos!

Al acabar la lección, todos salieron corriendo al patio para jugar. Al final, no dejan de ser niños, ¿verdad?

Un resumen fotográfico de la jornada aquí.

Mi primera semana en Katmandú

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Mi primera semana en Katmandú

¡Ya llevo una semana en Katmandú! En esta semana he intentado acostumbrarme a Nepal, que no es tan similar a India como parece.

Empecé pasando las primeras noches en un hotelito en la zona de Thamel, que es la zona típica de mochileros. Es una zona fácil para un turista. todo son tiendas de souvenirs, restaurantes y hoteles. Pero también es la menos autentica y más cara. En cuanto sales de allí te das cuenta de lo diferente que es el resto de katamndú, donde casi no hay carteles en inglés. Así que de allí me trasladé al Monasterio tibetano al norte de la ciudad, donde  la vida transcurre extremadamente tranquilamente.

A pesar de las lluvias monzónicas, he podido visitar Thamel, Durbar Square, Swayambhunath, Bodhnath, he comprado un paraguas que utilizo de sombrilla y de paraguas, he comido platos típicos nepalíes y unas fantásticas hamburguesas de ternera, he empezado a coger autobuses locales y me he perdido caminando por las zonas menos turísticas! También pude conocer la casa de acogida y las niñas con las que estaré viviendo y colaborando en septiembre, Katmandú me recuerda a Roma, sólo neceistas perderte por sus calles para descubrir una templo o un edificio antiquísimo en cualquier esquina. ¡Es impresionante!

¿Parece que no haya parado? ¡Pues todo lo contrario! He llevado una vida muuuuy relajada. A veces creo que demasiado. Por ahora intento apaciguar la lucha interna entre la turista que cree que debería estar viendo cosas siempre, y la meditadora que intenta disfrutar de la tranquilidad.

Para ver un resumen fotográfico de la semana, podéis hacer clic aquí.