Mi experiencia Vipassana

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Antes de irme de India la última vez (abril 2013), una compañera me habló de Vipassana, que es un tipo de meditación. Para aprenderlo hay unos cursos de 10 días en los que vives recluido en el centro de meditación, en completo silencio, y debes cumplir con las normas y el horario  establecidos. Después de pensarlo mucho, valorar si sería capaz de vivir encerrada sin poder comunicarme con nadie, finalmente decidí que quería probar esta experiencia y ver qué tal era este método de meditación que tanto me habían recomendado. Y además, quería hacerlo en India, que fue la cuna y el lugar de origen de esta tipo de meditación, así que reservé plaza en el centro cercano a Dharamsala.

Cuando llegué a Daramkot, esto era todo lo que sabía. Esto, y la imagen que se había creado en mi mente a lo largo de los últimos días, cuando me crucé con varias personas que habían hecho este retiro y me deseaban suerte, o me decían lo duro que les había parecido los primeros días, o la cantidad de gente que lo deja a mitad de curso. Pese a todo esto, estaba decidida a completar mi curso y no pensaba dejarlo a medias.

Cuando llegué al centro estaba nerviosa, no tenía ni idea de que me esperaba, nunca había hecho meditación antes y todo era nuevo para mí. Hacer el registro para el curso me llevó varias horas (hello! Welcome to India!) y a media tarde ya estaba instalada en mi habitación y aprovechando las últimas horas de comunicación hablando con el resto de las chicas. Cada una tenía una historia diferente, un motivo para estar allí. Muchas personas habían hecho uno o más cursos de Vipassana antes, para otros era la primera vez. Había gente de todas partes. La mitad de las mujeres eran de india y el resto éramos de Rusia, España, Francia, Portugal, US, China, Japón, Suecia. Aprovechamos a hablar y hablar hasta que después de la cena nos recordaron las normas del curso y empezó el silencio.

El primer día fue el más duro para mí. Estaba descolocada, perdida, no entendía bien lo que había que hacer, no conseguí relajar la mente y concentrarme, mi mente luchaba por volver a sus pensamientos habituales, el estar tantas horas sentada en el suelo me destrozó el cuerpo. Ese día se me hizo eterno. Lo bueno es que todo tenía un lado cómico. El hecho de ver a 25 mujeres moverse todo el día a golpe de campanita, en silencio, como fantasmas, era de película. Yo pensaba: menos mal que no vamos todas de blanco o pensaría que de verdad esto es una secta!

Por suerte el resto de días fueron mejores. No se me hicieron tan terribles y trágicos como pensaba. Simplemente fueron pasando, uno detrás de otro, sin ninguna sensación de querer salir huyendo ni nada parecido. De mi grupo, sólo una chica lo dejó en el sexto día.

Lo mejor fue el día que pudimos empezar a hablar después de 10 días en silencio. Se hacía tan raro escuchar mi propia voz por fin! Y cuando empezamos a compartir nuestras experiencias durante estos días fue muy interesante ver como cada una había vivido cosas tan diferentes. Entonces entendí la importancia de guardar silencio y no compartir lo que nos pasaba con nadie. Eso lo habría cambiado todo.

Mi experiencia personal ha sido fantástica y espero conseguir mantenerme en la rutina de la meditación diaria, aunque es difícil…

Podéis ver algunas fotos en la página de facebook o haciendo clic aquí.

Si alguien está interesado, la web es http://www.dhamma.org/. Aquí encontraréis información, vídeos, y los datos de los centros donde se imparte.

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