Archivos Mensuales: julio 2013

Paseando por Nepal

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Paseando por Nepal

Como muchos ya sabéis, ya no estoy en India sino en Nepal. Me permitiréis que mantenga mis posts en este mismo blog, aunque no se llame “paseandopornepal”… 😛

Por ahora Nepal me está tratando fantásticamente. Es todo un soplo de aire fresco después de India! Todavía no he salido de Katmandú, pero estoy deseando conocer las zonas de las montañas, las aldeas, etc.

Es época de monzón, y eso dificulta las salidas turísticas y las excursiones. Por ahora estoy pasando mas tiempo en mi habitación, leyendo, viendo películas, que paseando y turistiqueando. Pero me imagino que esto también lo impone el tiempo que tengo para visitar las cosas, ya que tengo mas de 1 mes para viajar por Nepal antes de incorporarme a la ONG con la que voy a estar trabajando durante septiembre.

Por ahora os dejo algunas fotos de mis primeros paseos por Katmandú. Podéis verlo en la página de facebook o haciendo clic aquí.

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La importancia de saber peguntar

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La importancia de saber peguntar

Parece mentira lo rápido que se olvidan las cosas, verdad? Una de las cosas que aprendí durante mi última estancia en India, sobre todo al estar en un entorno de trabajo, fue lo importante que es aquí hacer la pregunta exacta para obtener la respuesta que quieres o necesitas. Es decir, no puedes hacer una pregunta general asumiendo que la otra persona te dará la información que necesitas, o incluso la ampliará si lo considera necesario. Un ejemplo, para que lo entendáis. Cuando estaba trabajando en la ONG y necesitaba hablar con alguien, iba a verlo a su despacho. Si no estaba, le preguntaba a alguno de sus compañeros y la conversación sería más o menos así:

Yo: ¿Está XXXX? (mirando la silla vacía)

Respuesta: No

Yo: ¿Está comiendo?

R: Sí

Yo: ¿Volverá luego?

R: Sí

Yo: Ok, me paso entonces más tarde. ¡Gracias!

¿Qué error hay en esta conversación? No pregunté específicamente si volvía esta tarde después de comer a trabajar a la oficina. Pregunté sólo si volvía luego, asumiendo que la otra persona entendería que me refería a esa tarde, pero en realidad la respuesta afirmativa podría indicar esta tarde, mañana, el lunes…. Y sí, me quedé esperando hasta el lunes, obviamente.

Pues este mismo error lo volví a cometer esta vez. No realicé la pregunta correcta y por eso no obtuve la respuesta necesaria y tuve que pagar las consecuencias. Os cuento:

Cuando estaba en McLeodganj (al norte de Dharamsala) quise viajar a un pueblecito en las montañas pero más al Oeste llamado Dalhousie. Fui a preguntar a la oficina de la estación de autobuses de McLeodganj por el autobús para ir a ese lugar. Cuando me marché de la oficina, me iba satisfecha de haber preguntado todo lo necesario:

–          ¿horario?

–          R: 8.30h y 12.30h

–          ¿precio?

–          R: 160 Rps

–          ¿duración?

–          R: 6horas

–          ¿hay autobús todos los días de la semana?

–          R: Sí

–          ¿sale de aquí (señalando la plaza principal de McLeodganj que era donde está la oficina) o de la estación de autobuses (señalando la Estación Nueva de autobuses que está en una calle más abajo a 3 min caminando de la plaza donde estaba)?

–          R: Sí (y señal con la cabeza hacia abajo)

El día señalado me levanté temprano, acabe de organizar mi equipaje, me despedí de algunas personas en Daramkot y cogí un taxi a la estación de autobuses de McLeodganj. Llegué a las 7.45h y, por supuesto, era la única persona occidental en la estación y la única mujer. Varios hombres se acercaron a preguntarme a dónde iba, y cuando decía Dalhousie ponían una cara rara. Yo pensaba que era porque no es un destino habitual para los occidentales. Algunos me dijeron que el autobús igual no venía (estaba diluviando), otros que venía con más de una hora de retraso, pero varios me preguntaban que por qué estaba allí. Yo, con esa desconfianza que creamos hacia todo lo exterior cuando viajamos, no les hice ni caso. Sólo me repetía a mí misma que si el hombre de la oficina de buses había dicho que a las 8.30h pasaba un bus, el bus tendría que llegar más tarde o más temprano. Y los minutos fueron pasando, y pasando, y pasando, y seguía diluviando, y hacia frio, y por allí no llegaba ningún bus.

Estacion de autobuses de McLeodganj - 08.00 am

Estacion de autobuses de McLeodganj – 08.00 am

Sobre las 8.30h unos hombres indios muy nerviosos miraban hacia donde yo estaba y silbaban a algo fuera de la estación de autobuses. ¡Me estaban llamando a gritos! Fui para allí y me dijeron que habían parado el autobús que va a Dharamsala para mí. Al final comprendí que el autobús a Dalhousie salía a las 8.30h desde Daharamsala (que está al sur de donde yo estaba, siguiendo la carretera de la estación de autobuses) y no desde McLeodganj.

Llegué a Dharamsala a las 9.00h y, por supuesto, el autobús había salido a las 8.30h. Me tocó esperar hasta las 12.30h en una estación esperpéntica, mientras seguía diluviando, yo estaba empapada de la caminata bajo la lluvia para coger el autobús… Toda una experiencia.

Durante mis 4 horas de espera comprendí que el error había sido mío. No hice la pregunta exacta. No pregunté si el autobús salía de la Estación de autobuses de McLeodganj, sólo hice un gesto con la cabeza y el señor me respondió con otro gesto con la cabeza, ambos en la misma dirección. Yo entendí que él se refería a McLeodganj, y supongo en realidad se referiría a Dharamsala.

Por fin pude coger el autobús a las 12.30h que llegó a Dalhousie a las 18.30h, justo a tiempo para la cena. Por suerte, todo esto valió la pena porque Dalhousie es precioso!

Y por fin me subo al autobus!

Y por fin me subo al autobus!

Camino a Dalhousie a través de las montañas

Camino a Dalhousie a través de las montañas

 

Así que, futuros viajeros a India, recordad esta valiosa lección y pensad muy bien las preguntas que hacéis antes de marcharos de un lugar pensando que ya tenéis la información necesaria.

Mi experiencia Vipassana

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Antes de irme de India la última vez (abril 2013), una compañera me habló de Vipassana, que es un tipo de meditación. Para aprenderlo hay unos cursos de 10 días en los que vives recluido en el centro de meditación, en completo silencio, y debes cumplir con las normas y el horario  establecidos. Después de pensarlo mucho, valorar si sería capaz de vivir encerrada sin poder comunicarme con nadie, finalmente decidí que quería probar esta experiencia y ver qué tal era este método de meditación que tanto me habían recomendado. Y además, quería hacerlo en India, que fue la cuna y el lugar de origen de esta tipo de meditación, así que reservé plaza en el centro cercano a Dharamsala.

Cuando llegué a Daramkot, esto era todo lo que sabía. Esto, y la imagen que se había creado en mi mente a lo largo de los últimos días, cuando me crucé con varias personas que habían hecho este retiro y me deseaban suerte, o me decían lo duro que les había parecido los primeros días, o la cantidad de gente que lo deja a mitad de curso. Pese a todo esto, estaba decidida a completar mi curso y no pensaba dejarlo a medias.

Cuando llegué al centro estaba nerviosa, no tenía ni idea de que me esperaba, nunca había hecho meditación antes y todo era nuevo para mí. Hacer el registro para el curso me llevó varias horas (hello! Welcome to India!) y a media tarde ya estaba instalada en mi habitación y aprovechando las últimas horas de comunicación hablando con el resto de las chicas. Cada una tenía una historia diferente, un motivo para estar allí. Muchas personas habían hecho uno o más cursos de Vipassana antes, para otros era la primera vez. Había gente de todas partes. La mitad de las mujeres eran de india y el resto éramos de Rusia, España, Francia, Portugal, US, China, Japón, Suecia. Aprovechamos a hablar y hablar hasta que después de la cena nos recordaron las normas del curso y empezó el silencio.

El primer día fue el más duro para mí. Estaba descolocada, perdida, no entendía bien lo que había que hacer, no conseguí relajar la mente y concentrarme, mi mente luchaba por volver a sus pensamientos habituales, el estar tantas horas sentada en el suelo me destrozó el cuerpo. Ese día se me hizo eterno. Lo bueno es que todo tenía un lado cómico. El hecho de ver a 25 mujeres moverse todo el día a golpe de campanita, en silencio, como fantasmas, era de película. Yo pensaba: menos mal que no vamos todas de blanco o pensaría que de verdad esto es una secta!

Por suerte el resto de días fueron mejores. No se me hicieron tan terribles y trágicos como pensaba. Simplemente fueron pasando, uno detrás de otro, sin ninguna sensación de querer salir huyendo ni nada parecido. De mi grupo, sólo una chica lo dejó en el sexto día.

Lo mejor fue el día que pudimos empezar a hablar después de 10 días en silencio. Se hacía tan raro escuchar mi propia voz por fin! Y cuando empezamos a compartir nuestras experiencias durante estos días fue muy interesante ver como cada una había vivido cosas tan diferentes. Entonces entendí la importancia de guardar silencio y no compartir lo que nos pasaba con nadie. Eso lo habría cambiado todo.

Mi experiencia personal ha sido fantástica y espero conseguir mantenerme en la rutina de la meditación diaria, aunque es difícil…

Podéis ver algunas fotos en la página de facebook o haciendo clic aquí.

Si alguien está interesado, la web es http://www.dhamma.org/. Aquí encontraréis información, vídeos, y los datos de los centros donde se imparte.

Mi encuentro con el Dalai Lama

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Mi encuentro con el Dalai Lama

Como ya os conté antes, gracias a un monje budista muy amable que paseaba por la calle a las 5 de la mañana, nos enteramos de que el Dalai Lama estaba en McLeodganj y además de que se podía asistir a una sesión de 2 días, abierta también a visitantes.

Fuimos a la oficina del Dalai Lama con una foto de carnet, el pasaporte y 10 rupias. Eso fue todo lo que necesitamos y todo el control que hacen. 20 minutos después, salimos de ahí con nuestro carnet que nos acreditaba como asistentes al evento.

Esperando para registrarnos en la Oficina del Dalai Lama

Esperando para registrarnos en la Oficina del Dalai Lama

Entre las recomendaciones que hacían, decían que era recomendable llevar una taza para el te, una radio fm con auriculares para escuchar las traducciones y llegar un poco antes para sentarte. A las 7 de la mañana nosotras ya estábamos yendo hacia el monasterio del Dalai Lama, junto a muchas personas que caminaban en esa dirección. Parecía una peregrinación! La gente iba con cojines, almohadas, termos, tazas. Se notaba una alegría, una excitación, en el ambiente, conscientes todos de que era un día especial. Al llegar al monasterio pasamos un control de seguridad donde miran que no lleves cámara de fotos, móvil, armas ni nada peligroso. Una vez dentro, toca buscar un huequito entre las alfombras colocadas alrededor del templo en los dos pisos donde colocarte. Nosotras tuvimos mucha suerte porque unos monjes que no hablaban inglés nos cedieron unos sitios en primera fila que creo estaban reservados para una monjas budistas. Allí estuvimos de maravilla, rodeados de señores muy mayores ataviados con los trajes típicos de la región, muy amables con nosotras, y siguiendo todos los ritos budistas. También había algunos extranjeros a nuestro alrededor, y monjes y monjas budistas. El ambiente era tan cálido, tan positivo. La gente muy amable. Lo único malo es que a nosotras no nos dio tiempo a conseguir unas radios para escuchar la traducción en inglés, por lo que tuvimos que escucharlo todo en tibetano… Fue una pena, porque me habría encantado poder entender lo que decía. Además, al cabo de un rato vi una sección donde había una chica traduciendo en español! Habría podido escucharlo incluso en castellano.

Nota con los detalles y sugerencias para atender la sesión.

Nota con los detalles y sugerencias para atender la sesión.

Pero no importa, solo el estar allí, verlo en persona y vivir el ambiente fue toda una experiencia. Una pena que no pueda haber fotos para enseñaros…

Resumen de mi primera semana

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Resumen de mi primera semana

En Delhi me reencontré con algunos de los voluntarios que conocí en Udaipur y que todavía están allí. Fue raro reencontrarme con ellos porque a mí me parece que haya pasado un siglo desde que me fui, pero en realidad no hace tanto.

El primer día lo pasamos en un centro comercial con aire acondicionado. Comimos en una pizzería italiana con pizza y queso de verdad!! Para mí, claro, no fue nada especial porque acababa de llegar de Barcelona, pero para ellos, que llevan ya tantos meses en India, fue todo un regalo. Luego fuimos al cine a ver Monsters University en 3D. Como veis, todo actividades con aire acondicionado!!

Al día siguiente queríamos hacer algo de turismo, a pesar del calor. Fuimos a ver el Gandhi Smriti, pero al llegar nos dijeron que estaba cerrado. Muchos monumentos cierran los lunes para su mantenimiento. Así que nos fuimos a Connaght Place y nos metimos en una cafetería de nuevo, al resguardo de un buen aire acondicionado. Y así pasamos el resto del día, de cafetería en cafetería, de aire acondicionado en aire acondicionado.

Esa noche ya cada uno seguía su camino. Unos volvían a Udaipur, otros se quedaban algunos días más en Delhi, y yo cogía un tren con Jules, una chica alemana que llegó unas semanas antes de que yo me marchase de Udaipur, hacia Amritsar. Yo ya había estado en Amritsar el invierno pasado y me encantó el Templo Dorado, así que no me importó repetir. Y esta vez me volvió a impresionar ese lugar que tiene una energía tan especial. La única diferencia de esta visita fue el calor excesivo. Durante el día, el mármol por el que pisas descalzo está ardiendo. Recuerdo que en invierno estaba congelado, por lo que solo podía caminar por una alfombra que ponen alrededor del lago sagrado. Esta vez también estaba esa alfombra, pero toda empapada, y parecía ser la única alternativa para no quemarme los pies. Además el bochorno era insoportable y yo me pasé casi todo el rato sentada en unas escaleras a la sombra. No podía con mi cuerpo. Volvimos de nuevo por la noche y fue diferente. Las luces, la gente en silencio rezando, la brisa fresca, todo parecía envolver ese lugar en un misticismo muy particular. Esta vez sí que pude disfrutar del paseo, e incluso nos sentamos un rato con un grupo de gente que estaba rezando. Después hicimos la cola para poder entrar en el templo dorado propiamente, que es impresionante. Todavía estaban leyendo los libros sagrados y gente y más gente pasaba por ahí tirando sus ofrendas delante del libro sagrado. Pudimos subir hasta la azotea del templo.

Al día siguiente cogimos un autobús local hacia Manali (14 horas infernales en un asiento de hierro). ¡De los peores viajes que jamás hice en mi vida! Pero al llegar a Manali se nos olvidó la tortura del viaje por completo. Hacia fresquito, había montañas plagadas de árboles, tranquilidad, silencio, vacas comiendo hierba…. Nos auto regalamos una habitación de 1000 rupias (hasta ahora habíamos estado pagando 400Rps) en un edificio de piedra y madera, con un balconcito con vistas a la montaña. Y la estancia en Manali fue muy tranquila. Pasear, tomar algo aquí, algo allí, escuchar música en vivo en un local, pasear, visitar un templito que está a las afueras…. Y, sobre todo, recuperarnos del calor de Delhi y Amritsar.

A los 2 días cogimos otro autobús, esta vez un autobús privado más confortable, y retomamos el viaje en carretera, esta vez a McLeodganj. Llegamos a las 5 de la mañana, unas 2 horas antes de lo que estaba previsto, así que todos los guesthouse estaban cerrados y no hubo forma de encontrar un sitio donde dejar las cosas y descansar un rato hasta las 7h. Pero mientras esperaba sentada en un escalón, rodeada de bolsas y mochilas por todas partes, pasó un monje budista por ahí y se puso a hablar conmigo. En general, les encanta hablar con los viajeros, practicar inglés e interesarse por lo que haces, de dónde vienes, etc. Él fue el que me dijo que al día siguiente el Dalai Lama iba a hablar en una sesión abierta en el monasterio donde los visitantes pueden acudir si se registran antes. Pues gracias a él nos enteramos de que el Dalai Lama estaba en McLeodganj y además pudimos acudir a uno de sus “teaching”. Esto para mí es India, cuando estás agobiado, de mal humor, de bajón total, de repente algo maravilloso sucede.

Algunas fotitos de Amritsar y Manali aquí.